
A veces pensamos que los ritos son solo las grandes ceremonias, pero en la infancia asistimos, quizás, a la mayor cantidad de ritos de paso. Son esos «cruces» —dejar los pañales, la llegada de un hermano, el primer día de escuela, el adiós a un objeto de apego— que transforman la subjetividad y exigen nuevas formas de habitar el mundo.



